Las huertas, una escuela de aprendizaje

Por: Gilberto González.

Cartageneros de todos los estratos, razas y creencias han hecho del parque Apolo en el Cabrero una revolución: la revolución de la comida.

Empujando una carreta, con picos, palas, escobas, termos de agua y hasta un perro, José Luis Mazallega al Cabrero todos los domingos a eso de las 8:30 am. Recorre varios sectores en más de una hora de caminata desde el caño Juan Angola hasta el lugar, pero viene lleno de ganas y de cultivar la tierra y de sacarle los mejores frutos.

Lo acompañan un grupo de niños de entre 10 y 13 años de edad, que entusiasmados y alegres llegan a mover tierra u regar plantas, una labor que más tarde será recompensada con el pago más valioso: no, no es una moneda de oro, ni una cubierta de chocolate sino el privilegio de educarse, compartir y no estar expuestos a los problemas que viven a diario en las esquinas de los sectores populares donde viven, pues con esta iniciativa hacen buen uso de su tiempo. Además de conocimiento y experiencia, lo que están sembrando es comida.

“los niños se están educando, están aprendiendo a colocar la basura en su lugar y adicional las personas han tomado conciencia de la importancia de luchar por tener un mejor territorio” afirma José Guevara[MBV1] [MBV2] , Miembro de Asocabrero.

En contexto

Un lugar deshabitado, abandonado, lleno de basura y sin alguien que velara por él era el parque Apolo, ubicado en el barrio El cabrero de Cartagena-Bolívar a finales de 2016. Las escenas de inseguridad amenazaban este espacio que se estaba convirtiendo el refugio de ladrones y consumidores de droga. Por eso los miembros de la comunidad se unieron para salvar el parque, y lo hicieron de la mano de instituciones como Tu cultura y Vive Yoga Cartagena.

La Fundación Tucultura viene trabajando temas de turismo cultural sostenible y por medio del Proyecto Limpiarte Red para la Limpieza y Conservación de nuestro patrimonio y medio ambiente ha logrado generar acciones de consciencia ambiental eso permitió que se hiciera el primer Limpiarte en Parque Apolo y se uniera a Vive Yoga para armar una propuesta que reúne todos los domingos a amigos de la tierra y practicantes de yoga.

Los habitantes del Cabrero, las instituciones organizadoras, voluntarios y personas que se han sumado a la iniciativa se apropiaron del parque al ver la problemática, y empezaron a dialogar para realizar juntos la construcción de una huerta comunitaria a la que llamaron huerta Comunitaria Terra Sana: un espacio para la integración de los residentes de la ciudad (del Cabrero y de otros barrios) que busca crear lazos de amistad y velar por las buenas prácticas de convivencia y vida saludable.

Muy pronto, en este espacio se cosecharán hortalizas cultivadas por los mismos residentes y sin ningún contaminante. Hoy en la huerta también crecen coles, papayas, tomates, guanábanas, berenjenas, y plantas medicinales como la sábila y el orégano.

Pero este proyecto busca ir más allá del sembrado físico, es una siembra de valores que pretende generar un cambio social, estrechando los vínculos entre la gente y la naturaleza, a partir de sentirla, tocarla y amarla, según dicen sus promotores.

Aquí hay “tres conceptos claves: orgánico, saludable e integral, para crear sentido de pertenencia por el parque, abrazarlo, sentirlo cercano y sobre todo cuidarlo”, explica Merly Beltrán Vargas, directora de Fundacion Tucultura e impulsadora de la huerta.

El abono que se utiliza en la huerta es producido por las mismas hojas de árboles de almendra que adornan el parque, sumado a los residuos orgánicos de las casas, que se descomponen en un espacio de tres metros protegidos por hojas secas de palma. Así, se cumple una doble función: fertilizar la tierra y promover el reciclaje, de manera que lo orgánico deje de ser basura y cumpla su función dentro de os ciclos de la naturaleza.

Compromiso Social

Algunas empresas, instituciones, hoteles y colegios también se han sumado a este proyecto que busca ser un referente en la buena alimentación, en crear un espacio donde sin importar sexo, raza y creencias las personas vivan y recreen sus propias experiencias en la agricultura.

Los estudiantes del colegio Montessori, por ejemplo, cumplen ahí, con pica y azadón sus ochenta horas obligatorias de trabajo comunitario.

De Bogotá, también se unió una organización llamada ‘Huerta Rebelde’, que diseñó todo el plano inicial de la huerta, con el apoyo de Hotel Santa Clara.

Huertas Revolución Mundial

Esta iniciativa saludable es una más entre miles que están creciendo en todo el mundo y que muchos consideran la “nueva revolución”: cultivar su propia comida, reducir emisiones y empezar nuevos hábitos alimenticios y de vida activa, que ayude a reducir las enfermedades.

La idea es fomentar las relaciones humanas, luchar por el cambio climático y cambiar conceptos alimenticios son los objetivos de esta revolución mundial que día a día crece en todo el mundo. “Las huertas transforman vidas, son oportunidades para ahorrar y hacer la vida más fácil”, dice Orlando Baldiega voluntario de Terra Sana.

“Una vida sana solo se obtiene del consumo de buena comida, del ejercicio, de estar en movimiento y respirar en un ambiente agradable. Con este proyecto no solo se come bueno, sino que se combate el hambre, se genera desarrollo sostenible, y hasta representa un gasto menor en el mercado”, señala un vecino del sector.

Qué dice la FAO

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura dice que la seguridad alimentaria se da cuando todas las personas tienen acceso físico, social y económico permanente a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para satisfacer sus requerimientos nutricionales y preferencias alimentarias, y así poder llevar una vida activa y saludable. En un mundo en el que 161 millones de menores de cinco años padecen de mal nutrición crónica y unas 500 millones de personas son obesas, Terra Sana le apuesta a la seguridad alimentaria.

Hoy por primera vez, Terra Sana tiene sus primeros tomates. Los vecinos esperan recoger pronto mangos, coles, guanábanas, papayas que crecen en el parque. Hoy resplandecen frutos cosechados con el cuidado y el amor de los habitantes de la ciudad.

Foto principal: Pixabay*

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